

El lugar de camping en el Campamento Chileno era bastante estrecho, los vientos de las carpas se entrecruzaban y la conversaciones en varios idiomas también. Nos levantamos a las 8 en punto, desayunamos y salimos rumbo a las Torres (dejamos la carpa armada con todas las cosas adentro). La caminata es bastante suave en el comienzo (unos 50 min) entre los bosques y después comienza la subida directa hacia las torres. Esa es más ardua y dificultuosa, ya que se avanza entre piedras de todos tamaños; llama la atención la cantidad de gringos ya mayorcitos (de unos 65 para arriba) que van en programas quizás para jubilados, que se aventuran a través de la empinadísima subida por las rocas. Después de casi una hora más de caminar, llegamos. La fotos son elocuentes, y de verdad es imposible no sobrecogerse con la vista y no pensar en lo efímeros que somos.
Una vez en la cima, no se puede dejar de participar de el monolito colectivo (tal vez, idea de algún judío), de dejar una piedrecita sobre una enorme roca del lugar. En la foto, Julio deja su huella y no puedo dejar de decir, que segundos después de la foto, se le vinieron encima todas esas piedrecitas, jajaja.
Las torres de 2250, 2460 y 2500 msnm respectivamente, son bloques de granito que tuvieron su origen hace 12 millones de años. A sus pies, reposa un pequeño ventisquero, que como se ve en la foto, desagua en una lechosa lagunita.
El único consejo que podemos entregarles es que no dejen de ir.

















