La verdad es que en mi opinión, la idea original de la motivación turística de El Bolsón simplemente no me gustó, y menos después de haber visitado el año anterior un lugar como Calafate, que sí tiene atracciones turísticas. El Bolsón, a parte de estar ubicado entre unos escarpados preciosos, no cuenta con nada más interesante de visitar. Todo está relacionado con duendes, hadas y hongos mágicos, pero eso está bien cuando uno tiene cinco años, no para adultos.
Fue Esquel, la que sin mayores pretenciones, nos gustó mucho, con su paisaje montañoso, la trochita (antiguo primer tren de trocha angosta que recorrió esos parajes) y lo principal, el esquisito abastecimiento de carne que posee.
Nos instalamos en un camping del centro de la ciudad, y mientras nos dábamos una merecida ducha, el lugar se llenaba con distintos grupos de personas que hacían asados. El aroma era insoportable para alguien que no ha comido carne en tantos días, así que no tuvimos otra alternativa que ir a comprar carbón y un buen corte, para preparar nuestro propio asado y de pasada compartir expresiones con los vecinos argentinos.